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El papa empieza la limpieza en la Iglesia de Chile tras los casos de abusos

El Vaticano comunicó que el papa aceptó la renuncia y por tanto quedarán sin algún cargo el obispo de Osorno, Juan Barros; de Valparaíso, Gonzalo Duarte García de Cortázar, y de Puerto Montt, Cristián Caro Cordero, estos dos últimos mayores de 75 años.

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Nueva York – El papa Francisco ha comenzado la limpieza en la Iglesia Católica en Chile al aceptar las renuncias presentadas por tres de los obispos chilenos más salpicados por los casos de abusos a menores por parte de religiosos y la falta de transparencia.

El Vaticano comunicó que el papa aceptó la renuncia y por tanto quedarán sin algún cargo el obispo de Osorno, Juan Barros; de Valparaíso, Gonzalo Duarte García de Cortázar, y de Puerto Montt, Cristián Caro Cordero, estos dos últimos mayores de 75 años.

El pasado mayo, el papa Francisco mandó llamar a 34 obispos chilenos al Vaticano y estos presentaron sus renuncias en bloque tras reconocer que habían cometido “graves errores y omisiones”, y ahora el pontífice ha aceptado tres de ellas.

Sobre todo la de Barros, al que el mismo pontífice argentino había otorgado la diócesis de Osorno a pesar de las protestas de los fieles y cuya renuncia rechazó hasta en dos ocasiones.

La noticia se conoce en la víspera de que el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, y el sacerdote de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Jordi Bertomeu, viajen a Chile para efectuar una nueva investigación sobre estos casos.

Estarán los días 12 y 13 de junio en Santiago de Chile, y del 14 al 17 de julio permanecerán en Osorno, informó el Arzobispado de Santiago.

Las tres diócesis quedarán provisionalmente en manos de tres administradores apostólicos, es decir interventores por parte del Vaticano en espera de nuevos nombramientos.

En Puerto Montt (sur), el papa ha designado a Ricardo Basilio Morales Galindo; en Valparaíso (centro), a Pedro Mario Ossandón Buljevic, y en Osorno (sur), a Jorge Enrique Conchua Cayuqueo; los dos últimos son obispos auxiliares de Santiago de Chile.

El pasado enero, el papa Francisco viajó a Chile y en su periplo defendió al obispo Barros, considerado uno de los encubridores del cura Fernando Karadima, condenado en 2011 por la Justicia canónica a una vida de reclusión y penitencia por violaciones y abusos sexuales a menores y las ramificaciones del caso.

Pero tras su regreso al Vaticano, Francisco ordenó a Scicluna una investigación para escuchar el testimonio de las víctimas y conocer lo ocurrido.

Tras la investigación, Francisco declaró que había sido mal informado, pidió perdón a las víctimas y recibió a alguna de ellas en el Vaticano.

A principios de mayo, el papa recibió a Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, tres víctimas de Karadima que en los últimos tiempos han luchado para que se haga justicia.

En las conversaciones, Jorge Bergoglio les pidió perdón en nombre propio y de la Iglesia, según refirieron los tres, y ellos a su vez le solicitaron que esas palabras se transformaran en “acciones ejemplares” para acabar con la pederastia.

Francisco llamó entonces a 34 obispos chilenos al Vaticano y dialogó con ellos entre el 15 y el 17 de mayo, unas reuniones que acabaron con la presentación de sus renuncias en bloque tras reconocer que habían cometido “graves errores y omisiones”.

Este mes, Francisco volvió a abrir las puertas de su residencia, Casa Santa Marta, para reunirse con otro grupo de víctimas de Karadima en su infancia.

Eugenio de la Fuente, uno de los sacerdotes víctimas, dijo a los medios que confiaba en que el proceso que ha iniciado el papa acabe por “conducir a renovar la Iglesia” en el país.

La fórmula de administrador apostólico “sede plena” ya ha sido utilizada recientemente por Francisco en la archidiócesis de Adelaida, en Australia, donde Gregory O’Kelly se ha puesto al frente después de que su arzobispo, Philip Wilson, fuera declarado culpable por encubrir los abusos cometidos por un cura en la década de 1970.

Según el Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”, “en circunstancias particulares, la Santa Sede puede, de manera extraordinaria, disponer que en una diócesis sea nombrado un administrador apostólico ‘sede plena'”.

“En tal caso, el obispo diocesano contribuye, en cuanto le compete, al pleno, libre y sereno cumplimiento del mandato del administrador apostólico”, se explica.

Cruz, una de las víctimas de Karadima, celebró la decisión del papa Francisco y opinó en Twitter que “empieza un nuevo día en la Iglesia Católica de Chile” porque “se van tres obispos corruptos y seguirán más”. EFE

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