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La soda, problema de salud pública en México

En la Ciudad de México, pocos confían en el agua del grifo. Tampoco en el agua comprada. En ambos casos podría albergar bacterias dañinas. Sin embargo, puedes confiar en los refrescos. Y la clase trabajadora confía con determinación en estas bebidas. La soda está en todas partes; en casi todas las comidas, en todas las tiendas de la esquina, en los mercados, en los puestos de comida, en las celebraciones. A menudo no hay agua de grifo.

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Nueva York – Mi amiga Alma en la Ciudad de México envía clandestinamente soda en una botella de agua en la lonchera escolar de su hija. Las autoridades sanitarias en México han prohibido las bebidas gaseosas en las escuelas. Cuando Alma, junto con otras madres, fue sorprendida enviando la soda, simplemente se rió. Solo estaba haciendo lo que sabía que era mejor para sus hijos. La soda es confiable. Es barata. ¡Y sabe tan bien! En la ciudad de México, la soda es saludable.

En la Ciudad de México, pocos confían en el agua del grifo. Tampoco en el agua comprada. En ambos casos podría albergar bacterias dañinas. Sin embargo, puedes confiar en los refrescos. Y la clase trabajadora confía con determinación en estas bebidas. La soda está en todas partes; en casi todas las comidas, en todas las tiendas de la esquina, en los mercados, en los puestos de comida, en las celebraciones. A menudo no hay agua de grifo.

Cuando hay agua corriente solo unos días a la semana o llega en camión, la necesitas para otras cosas, como lavar la ropa o ducharte. No es de extrañar que México sea el mayor consumidor de Coca Cola en el mundo, representa el 11 % del mercado global de Coke. México también es la nación industrial más gorda del mundo, donde las enfermedades cardiovasculares y la diabetes aumentan con desenfreno.

Soy una antropóloga que colabora con científicos de salud ambiental e ingenieros ambientales para entender la confianza en el agua en la Ciudad de México. Parte de mi trabajo consiste en ayudar al equipo a comprender por qué un comportamiento tan extraño como el de esconder la gaseosa en los almuerzos de los niños tiene sentido cuando “todos” saben que la gaseosa es mala.

Otra parte de mi trabajo es poner esos comportamientos en contexto. ¿Cuál es la historia de la distribución del agua en México? ¿Quién se beneficia cuando nadie confía en el agua del grifo? ¿Cuáles son los efectos de las campañas de salud pública que les dicen a las madres que no den soda a sus hijos cuando no hay agua para beber?

Esos mensajes sobre la salud dividen aún más a la gente flaca y acomodada, con sus caros filtros de agua domésticos, de la gente trabajadora y pobre que comparte gaseosas. Parte de los esfuerzos de nuestro equipo para comprender la confianza en el agua implica determinar qué se necesitaría para restaurar la confianza en el agua, por ejemplo, el desarrollo de sensores de calidad del agua en el vecindario o en el hogar.

Restaurar la confianza es difícil. Los jóvenes en México no tienen memoria de beber agua del grifo. La desconfianza comenzó después del terremoto de 1985. Las personas de mediana edad en adelante recuerdan que antes de aquel suceso abrían el grifo y bebían libremente. Inmediatamente después se les dijo que dejaran de hacerlo temporalmente y nunca más volvieron a probar el agua del grifo. Mis amigos en la Ciudad de México no son tontos. No creen que hayan perdido la confianza “naturalmente”, saben con certeza que empresas, como Coke, se aseguraron de que así fuera.

Se podría pensar en una teoría de conspiración. Una búsqueda rápida en Google demuestra el dominio de Coke (Coca-Cola) en México, con subsidios gubernamentales, nuevas plantas embotelladoras y acceso a los acuíferos tanto para los refrescos como para sus diversas marcas de agua embotellada. Ese dominio fue posible gracias a la apertura de la economía, del TLCAN y a la reorganización del panorama legal de la “Guerra contra las Drogas”, lo que hizo a México más seguro para la inversión extranjera.

Los efectos entrelazados del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de Norteamérica -EEUU, Canadá y México-) y la Guerra contra las Drogas también han generado inseguridad en México, después de que el acuerdo dejara a dos millones de agricultores sin trabajo, provocando la migración forzosa a los EE.UU. y la caída de la financiación de los servicios sociales; mientras la Guerra contra las Drogas sumara 120.000 víctimas y 27.000 desaparecidos. Todos piensan que el Estado se acuesta con los narcos, por lo que si las autoridades prometieran que el agua es segura, ¿por qué iban a confiar? Especialmente cuando existe una alternativa abundantemente disponible y barata como la gaseosa.

Para cualquier persona que se sienta insegura o ansiosa, el azúcar y la grasa son un bálsamo. Sentado en la mesa familiar, en Ciudad de México, Mateo recuerda cuando de niño bebía agua del grifo, y me asegura que a eso ya no puede regresar. Se ríe mientras señala su botella de Coca-Cola, y declara: “¡Esto es más adictivo que lo que los narcos venden!

En unos años, sabremos más sobre cómo restaurar la confianza en el agua. Pero, por ahora, los mensajes de las autoridades de la salud que avergüenzan a las personas por lo que beben hacen poco, mientras los ricos se burlan de los pobres por su descontrolado consumo de gaseosas. Las vallas anti-soda que cubren los paisajes urbanos no sirven de mucho cuando en tiempos precarios compartir el placer tiene mucho sentido y hay pocas alternativas. Coca-Cola lo sabe muy bien.

Elizabeth F.S. Roberts, es antropóloga e investigadora de la Universidad de Michigan

(Las Tribunas expresan la opinión de los autores, sin que EFE comparta necesariamente sus puntos de vista)

EFEUSA

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